Celebramos el 25 aniversario de Edad Dorada Andalucía
Hay fechas que se quedan grabadas en el corazón, y el pasado jueves fue sin duda una de ellas. La Residencia para Mayores Virgen de Alharilla en Porcuna, gestionada por Edad Dorada Mensajeros de la Paz Andalucía, celebró un doble aniversario cargado de emoción, gratitud y mucha alegría: 18 años desde la inauguración del centro, acompañando a nuestros mayores, y 25 años de una entidad que ha hecho de la solidaridad su razón de ser.
Una celebración muy especial para toda la familia de la residencia
El acto estuvo presentado por Ramona Lomas, directora de la residencia, quien abrió la jornada con unas palabras llenas de calor humano. Ramona quiso agradecer a Edad Dorada Andalucía su respaldo constante, pero también tuvo palabras muy sentidas para los residentes, sus familias y, muy especialmente, para el equipo de trabajadores y trabajadoras del centro. «Sin vosotros, esto no sería posible», afirmó con la convicción de quien sabe bien de lo que habla.
Entre los asistentes se encontraban Julio Millán Medina, presidente de la asociación que gestiona el centro, y Miguel Moreno, alcalde de Porcuna, cuya presencia subrayó la importancia de este doble hito para toda la comunidad. Ambos tomaron la palabra para sumarse a la celebración con palabras de reconocimiento y cariño hacia el centro y quienes lo hacen posible cada día.
Una emotiva ronda de reconocimientos
La parte más emotiva de la tarde llegó con la entrega de reconocimientos. Cada galardón fue introducido con unas palabras muy especiales por parte de Ramona Lomas, y fue el alcalde de Porcuna quien los entregó en la mayoría de los casos, compartiendo así el protagonismo de un momento tan significativo.
La primera en recibir su reconocimiento fue la propia Corporación Municipal, representada por el alcalde Miguel Moreno Lorente, en este caso de manos de la directora. A continuación, se reconoció la labor de María Angustias Ruiz Barranco, voluntaria de confianza de la residencia, cuya entrega y generosidad la hacen indispensable. El grupo de baile Los Bailongos, de Andújar, y la Banda de Música Ciudad de Porcuna también recibieron su galardón, en reconocimiento a la alegría que llevan a la residencia con cada actuación.
El ámbito sanitario tuvo también su merecido lugar en la ceremonia. María José Hidalgo Montilla, médica del Centro de Salud, y Aurora Quero Cabeza, antigua enfermera de enlace, fueron homenajeadas por su dedicación y su vínculo con el centro a lo largo de los años.
Las familias, pilar fundamental en la vida de cualquier residencia, estuvieron representadas por la familia de Antonia Gascón Cobo, que recogió el galardón en nombre de todas ellas. Y el momento más aplaudido de la tarde llegó cuando Francisca Morales, residente con mayor antigüedad en el centro, recogió el reconocimiento en nombre de todos los residentes y usuarios del Centro de Día.
Como colofón a esta emotiva ronda, Ramona invitó a todas las trabajadoras presentes a subir juntas a recoger el reconocimiento a la plantilla. El resultado fue un gran y alegre revuelo en el patio que arrancó sonrisas y aplausos de todos los presentes: una imagen que resume perfectamente el espíritu de este centro.
Sorpresas, música y un aperitivo para el recuerdo
Pero la jornada aún guardaba más momentos para el corazón. Los trabajadores del centro quisieron sorprender a su directora con unas palabras muy emotivas y un enorme ramo de flores, un gesto que dejó a Ramona visiblemente emocionada y que reflejó la unión y el afecto que existe dentro del equipo.
El alcalde de Porcuna también tuvo un bonito detalle con Edad Dorada Andalucía, entregando una placa a Julio Millán Medina en representación de la entidad, como muestra del vínculo que une al municipio con la organización que cuida de sus mayores.
Durante el acto, Los Bailongos y la Banda de Música Ciudad de Porcuna pusieron la nota festiva con sus actuaciones, llenando el ambiente de ritmo y emoción. Y para terminar como la celebración merecía, todos los asistentes disfrutaron de un animado aperitivo cortesía de la residencia, antes de terminar bailando y cantando al son de la tuna, que agitó los corazones de mayores y jóvenes por igual en un final verdaderamente inolvidable.





























